• MES MISIONERO EXTRAORDINARIO


    Octubre 2019: "Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo"
  • PRESENTACIÓN “CON JESÚS NIÑO A LA MISIÓN”


    Cuatrienio de Infancia Misionera
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    Propuestas de voluntariado misionero
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    Colabora con los misioneros españoles

5 de abril de 2019

Mensaje del Papa Francisco para la 56 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y Jornada Vocaciones Nativas

“LA VALENTÍA DE ARRIESGAR POR LA PROMESA DE DIOS”

Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas:
Después de haber vivido, el pasado octubre, la vivaz y fructífera experiencia del Sínodo dedicado a los jóvenes, hemos celebrado recientemente la 34.ª Jornada Mundial de la Juventud en Panamá. Dos grandes eventos, que han ayudado a que la Iglesia prestase más atención a la voz del Espíritu y también a la vida de los jóvenes, a sus interrogantes, al cansancio que los sobrecarga y a las esperanzas que albergan.
Quisiera retomar lo que compartí con los jóvenes en Panamá, para reflexionar en esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones sobre cómo la llamada del Señor nos hace portadores de una promesa y, al mismo tiempo, nos pide la valentía de arriesgarnos con Él y por Él. Me gustaría considerar brevemente estos dos aspectos, la promesa y el riesgo, contemplando con vosotros la escena evangélica de la llamada de los primeros discípulos en el lago de Galilea (Mc 1,16-20).
Dos parejas de hermanos —Simón y Andrés junto a Santiago y Juan— están haciendo su trabajo diario como pescadores. En este trabajo arduo aprendieron las leyes de la naturaleza y, a veces, tuvieron que desafiarlas cuando los vientos eran contrarios y las olas sacudían las barcas. En ciertos días, la pesca abundante recompensaba el duro esfuerzo, pero, otras veces, el trabajo de toda una noche no era suficiente para llenar las redes y regresaban a la orilla cansados y decepcionados.
Estas son las situaciones ordinarias de la vida, en las que cada uno de nosotros ha de confrontarse con los deseos que lleva en su corazón, se esfuerza en actividades que confía en que sean fructíferas, avanza en el “mar” de muchas posibilidades en busca de la ruta adecuada que pueda satisfacer su sed de felicidad. A veces se obtiene una buena pesca, otras veces, en cambio, hay que armarse de valor para pilotar una barca golpeada por las olas, o hay que lidiar con la frustración de verse con las redes vacías.
Como en la historia de toda llamada, también en este caso se produce un encuentro. Jesús camina, ve a esos pescadores y se acerca… Así sucedió con la persona con la que elegimos compartir la vida en el matrimonio, o cuando sentimos la fascinación de la vida consagrada: experimentamos la sorpresa de un encuentro y, en aquel momento, percibimos la promesa de una alegría capaz de llenar nuestras vidas. Así, aquel día, junto al lago de Galilea, Jesús fue al encuentro de aquellos pescadores, rompiendo la “parálisis de la normalidad” (Homilía en la 22.ª Jornada Mundial de la Vida Consagrada, 2-2-2018). E inmediatamente les hizo una promesa: “Os haré pescadores de hombres” (Mc 1,17).
La llamada del Señor, por tanto, no es una intromisión de Dios en nuestra libertad; no es una “jaula” o un peso que se nos carga encima. Por el contrario, es la iniciativa amorosa con la que Dios viene a nuestro encuentro y nos invita a entrar en un gran proyecto, del que quiere que participemos, mostrándonos en el horizonte un mar más amplio y una pesca sobreabundante.
El deseo de Dios es que nuestra vida no acabe siendo prisionera de lo obvio, que no se vea arrastrada por la inercia de los hábitos diarios y no quede inerte frente a esas elecciones que podrían darle sentido. El Señor no quiere que nos resignemos a vivir la jornada pensando que, a fin de cuentas, no hay nada por lo que valga la pena comprometerse con pasión y extinguiendo la inquietud interna de buscar nuevas rutas para nuestra navegación. Si alguna vez nos hace experimentar una “pesca milagrosa”, es porque quiere que descubramos que cada uno de nosotros está llamado —de diferentes maneras— a algo grande, y que la vida no debe quedar atrapada en las redes de lo absurdo y de lo que anestesia el corazón. En definitiva, la vocación es una invitación a no quedarnos en la orilla con las redes en la mano, sino a seguir a Jesús por el camino que ha pensado para nosotros, para nuestra felicidad y para el bien de los que nos rodean.
Por supuesto, abrazar esta promesa requiere el valor de arriesgarse a decidir. Los primeros discípulos, sintiéndose llamados por Él a participar en un sueño más grande, “inmediatamente dejaron sus redes y lo siguieron” (Mc 1,18). Esto significa que para seguir la llamada del Señor debemos implicarnos con todo nuestro ser y correr el riesgo de enfrentarnos a un desafío desconocido; debemos dejar todo lo que nos puede mantener amarrados a nuestra pequeña barca, impidiéndonos tomar una decisión definitiva; se nos pide esa audacia que nos impulse con fuerza a descubrir el proyecto que Dios tiene para nuestra vida. En definitiva, cuando estamos ante el vasto mar de la vocación, no podemos quedarnos a reparar nuestras redes, en la barca que nos da seguridad, sino que debemos fiarnos de la promesa del Señor.
Me refiero sobre todo a la llamada a la vida cristiana, que todos recibimos con el bautismo y que nos recuerda que nuestra vida no es fruto del azar, sino el don de ser hijos amados por el Señor, reunidos en la gran familia de la Iglesia. Precisamente en la comunidad eclesial, la existencia cristiana nace y se desarrolla, sobre todo gracias a la liturgia, que nos introduce en la escucha de la Palabra de Dios y en la gracia de los sacramentos; aquí es donde desde la infancia somos iniciados en el arte de la oración y del compartir fraterno. La Iglesia es nuestra madre, precisamente porque nos engendra a una nueva vida y nos lleva a Cristo; por lo tanto, también debemos amarla cuando descubramos en su rostro las arrugas de la fragilidad y del pecado, y debemos contribuir a que sea siempre más hermosa y luminosa, para que pueda ser en el mundo testigo del amor de Dios.
La vida cristiana se expresa también en esas elecciones que, al mismo tiempo que dan una dirección precisa a nuestra navegación, contribuyen al crecimiento del Reino de Dios en la sociedad. Me refiero a la decisión de casarse en Cristo y formar una familia, así como a otras vocaciones vinculadas al mundo del trabajo y de las profesiones, al compromiso en el campo de la caridad y de la solidaridad, a las responsabilidades sociales y políticas, etc. Son vocaciones que nos hacen portadores de una promesa de bien, de amor y de justicia no solo para nosotros, sino también para los ambientes sociales y culturales en los que vivimos, y que necesitan cristianos valientes y testigos auténticos del Reino de Dios.
En el encuentro con el Señor, alguno puede sentir la fascinación de la llamada a la vida consagrada o al sacerdocio ordenado. Es un descubrimiento que entusiasma y al mismo tiempo asusta, cuando uno se siente llamado a convertirse en “pescador de hombres” en la barca de la Iglesia a través de la donación total de sí mismo y empeñándose en un servicio fiel al Evangelio y a los hermanos. Esta elección implica el riesgo de dejar todo para seguir al Señor y consagrarse completamente a Él, para convertirse en colaboradores de su obra. Muchas resistencias interiores pueden obstaculizar una decisión semejante, así como en ciertos ambientes muy secularizados, en los que parece que ya no hay espacio para Dios y para el Evangelio, se puede caer en el desaliento y en el “cansancio de la esperanza” (Homilía en la misa con sacerdotes, personas consagradas y movimientos laicos, Panamá, 26-1-2019).
Y, sin embargo, no hay mayor gozo que arriesgar la vida por el Señor. En particular a vosotros, jóvenes, me gustaría deciros: no seáis sordos a la llamada del Señor. Si Él os llama por este camino, no recojáis los remos en la barca y confiad en Él. No os dejéis contagiar por el miedo, que nos paraliza ante las altas cumbres que el Señor nos propone. Recordad siempre que, a los que dejan las redes y la barca para seguir al Señor, Él les promete la alegría de una vida nueva, que llena el corazón y anima el camino.
Queridos amigos, no siempre es fácil discernir la propia vocación y orientar la vida de la manera correcta. Por este motivo, es necesario un compromiso renovado por parte de toda la Iglesia —sacerdotes, religiosos, animadores pastorales, educadores— para que se les ofrezcan, especialmente a los jóvenes, posibilidades de escucha y de discernimiento. Se necesita una pastoral juvenil y vocacional que ayude al descubrimiento del plan de Dios, especialmente a través de la oración, la meditación de la Palabra de Dios, la adoración eucarística y el acompañamiento espiritual.
Como se ha hablado varias veces durante la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá, debemos mirar a María. Incluso en la historia de esta joven, la vocación fue al mismo tiempo una promesa y un riesgo. Su misión no fue fácil, sin embargo no permitió que el miedo se apoderara de ella. Su sí “fue el «sí» de quien quiere comprometerse y el que quiere arriesgar, de quien quiere apostarlo todo, sin más seguridad que la certeza de saber que era portadora de una promesa. Y yo les pregunto a cada uno de ustedes: ¿se sienten portadores de una promesa? ¿Qué promesa tengo en el corazón para llevar adelante? María tendría, sin dudas, una misión difícil, pero las dificultades no eran una razón para decir «no». Seguro que tendría complicaciones, pero no serían las mismas complicaciones que se producen cuando la cobardía nos paraliza por no tener todo claro o asegurado de antemano” (Vigilia con los jóvenes, Panamá, 26-1-2019).
En esta Jornada, nos unimos en oración pidiéndole al Señor que nos descubra su proyecto de amor para nuestra vida y que nos dé el valor para arriesgarnos en el camino que Él ha pensado para nosotros desde la eternidad.

Francisco
Vaticano, 31 de enero de 2019,
Memoria de san Juan Bosco

19 de febrero de 2019

Encuentro de empleados y voluntarios OMP 2019


El Mes Misionero Extraordinario, con la presencia del padre Fabrizio Meroni, Secretario General de la Pontificia Unión Misional en Roma, será el tema central del próximo encuentro de formación y convivencia de los empleados y voluntarios de las Obras Misionales Pontificias en España.

 “Bautizados y enviados”, el lema del Mes Misionero Extraordinario, inspirará el Encuentro de Empleados y Voluntarios de las Obras Misionales Pontificias que se desarrollará los próximos días 21 y 22 de febrero. Se trata de un encuentro en el que más de 120 voluntarios y empleados, que trabajan y colaboran en las Direcciones Diocesanas de las Obras Misionales Pontificias de toda España, podrán poner en común y promover el intercambio de experiencias sobre la animación misionera de las distintas diócesis, profundizar en el conocimiento de la actividad misionera de la Iglesia y asumir nuevos compromisos de cooperación con las OMP.
El jueves 21 por la mañana se centrará en la “Vocación Cristiana Misionera” con una ponencia del Secretario General de la Pontificia Unión Misional, el P. Fabrizio Meroni. Habrá también oportunidad para exponer los objetivos y el contenido de la Jornada de Epifanía o de Catequistas Nativos, por Carmelo Pérez Adrados, del Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME), la institución encargada de llevarla adelante. Por la tarde tras una sesión de información sobre la Ley General de Protección de Datos y sus implicaciones, habrá tiempo para la reunión por grupos y la puesta en común sobre el sentido del Bautismo y el envío misionero, tema fundamental del Mes Misionero Extraordinario, terminando con la Eucaristía, presidida por Mons. Francisco Pérez González, Presidente de la Comisión Episcopal de Misiones.
El viernes 22, tras laudes y la Eucaristía tendrá lugar la exposición de las conclusiones de los trabajos por grupos, seguida de una mesa redonda que integrará la JMJ de Panamá, el Sínodo de los Jóvenes y el futuro Sínodo sobre la Amazonia. La jornada concluirá con testimonios sobre el inicio del Plan Cuatrienal de Infancia Misionera, “Con Jesús niño a la misión”.
Programa: https://www.omp.es/wp-content/uploads/2019/02/Jornadas-empleados-voluntarios2019.pdf

15 de enero de 2019

El Papa Francisco invita a los niños a unirse a Infancia Misionera



El Papa Francisco el dia de la Efipanía recordó la Infancia Misionera, como la 'Jornada Misionera de los niños'. En España está jornada se celebrará el próximo 27 de enero.

La Jornada de Infancia Misionera es una jornada muy unida a este periodo navideño que hemos vivido, pues tendrá como lema “Con Jesús, a Belén, ¡qué buena noticia!”, presentando este año a los niños la primera, Belén, de las cuatro grandes escenas de la Infancia de Jesús.
El Papa Francisco recordaba en el Ángelus del día de la Epifanía, este 6 de enero, a la Infancia Misionera, que en muchos países del mundo celebra su jornada precisamente ese día. El Papa se dirigió al nutrido grupo de niños italianos presentes en la Plaza de San Pedro: “La Epifanía es también Jornada Misionera de los Niños”, les dijo, “que este año invita a los jovencísimos misioneros a ser atletas de Jesús, para testimoniar el Evangelio en la familia, en el colegio y en sus lugares de juego”.
Además el día 1 de enero un grupo de Sternsinger alemanes, los “cantores de la estrella” de Infancia Misionera, estuvieron presentes en la Misa de Año Nuevo del Papa Francisco. Ellos fueron los que llevaron los “regalos” y las ofrendas al altar, vestidos con trajes de los Reyes Magos y en representación de los 300.000 niños de las parroquias de Alemania que han llevado la bendición a cientos de hogares y recogido donativos para los niños desfavorecidos de todo el mundo.
Como ellos, miles de niños en toda España, se han unido durante este tiempo de Navidad siendo Sembradores de Estrellas, anunciando que Jesús nace para todos. Y se han llevado a sus casas la Hucha del compartir en las que pondrán sus pequeños ahorros para ser solidarios ayudar a los niños de las misiones que tienen menos.
Todos estos niños están invitados a seguir creciendo con Jesús como pequeños misioneros y para ello ya están listos todos los recursos que pueden ayudarles para participar de la Jornada de Infancia Misionera 2019 que celebraremos el próximo 27 de enero con el lema “Con Jesús, a Belén, ¡qué buena noticia!”


19 de diciembre de 2018

¡Escribe tu carta a los Reyes Magos!


Para niños y para mayores, no importa la edad que tengas:
¡Escribe tu carta a los Reyes Magos! pero recuerda pedir para los que tienen menos.


Seguro que ya tienes claro lo que vas a pedir a los Reyes Magos; un coche radiocontrol, un vídeojuego, una muñeca, una pelota o quizá una suscripción a la Revista Gesto. Pero… ¿dónde lo vas a escribir? https://www.omp.es/escribe-ya-tu-carta-a-los-reyes-magos/

Hace dos mil dieciocho años tres hombres muy especiales, los magos de oriente, supieron reconocer la grandeza de un pequeño niño que acababa de nacer. Ellos siguieron una estrella hasta dar con Él. Y le adoraron con sus presentes: oro porque era Rey; incienso porque era Dios y mirra porque era hombre.
La fiesta de Reyes es una fiesta muy misionera pues con su travesía hacia al portal de Belén estos tres magos de oriente representaron la búsqueda de Dios que tienen todos los pueblos de la tierra.
Hoy, siglos después, siguen trabajando sin descanso para despertar este deseo en los niños a través de sus regalos y presentes. Quieren que todos hagamos memoria de aquella noche mágica que trajo la luz al mundo.
Esta navidad, escribe tu carta a los Reyes Magos de la mano de Infancia Misionera. https://www.omp.es/escribe-ya-tu-carta-a-los-reyes-magos/

Pero antes, piensa muy bien qué es lo que deseas recibir. A lo mejor no son solamente juguetes o perfumes lo que más quieres para este año. A lo mejor también deseas momentos con tu familia, alegría con tus amigos… ¡Pide! Pide porque los reyes traen de todo en las alforjas de sus camellos.
Y, por supuesto, no te olvides de los misioneros ni de los niños que en estas fiestas no reciben tanto. En esta carta encontrarás un espacio para pensar en los demás.
P.D. Nos han chivado que los Magos han hecho un pedido extra de revistas misioneras… ¿Qué os parecería recibir en vuestras casas una suscripción a GESTO? ¡Pídela aquí!



21 de noviembre de 2018

Obras Misionales Pontificias pide ayuda de emergencia para las diócesis de Kerala y Karnataka en la India devastadas por las lluvias torrenciales.

Obras Misionales Pontificias hacen un llamamiento a todas las personas de buena voluntad para ayudar a paliar la devastación provocada por las inundaciones en Kerala y Karnataka, India


El presidente de las OMP, Giampietro Dal Toso, en una carta, explicaba a toda la red internacional de la institución, que este ha sido el peor desastre natural en esta región durante el último siglo. Ante la información que le llega directamente de los directores nacionales y diocesanos de la India, Dal Toso ha pedido que se haga “un llamamiento a las personas de buena voluntad para que contribuyan al Fondo de Emergencia de las OMP, de modo que podamos proporcionar la ayuda necesaria para reparar y reconstruir estas estructuras eclesiásticas para los fieles cristianos de India”.
Las inundaciones en Kerala dejaron este agosto medio millar de muertos y llevaron a casi un millón y medio de personas a abandonar sus hogares. Los daños causados por las inundaciones alcanzaron los 2.840 millones de dólares. Declarada como la peor inundación en un siglo, la gente en Kerala y Karnataka nunca se había enfrentado a una catástrofe de esta magnitud. Más de 57.000 hectáreas de tierras de cultivo quedaron anegadas, 11.000 casas destruidas y 26.000 casas gravemente dañadas.
Tres meses después de las inundaciones, sigue siendo muy necesaria la ayuda para paliar la devastación a largo plazo. La Iglesia respondió de manera increíble a las necesidades urgentes, organizando 4.094 campos para acoger a las personas (de los 5.000 establecidos), más de 10 millones (de los 12 millones acogidos), cerca de 100.000 laicos se han movilizado para ayudarles, con el apoyo de casi 7.000 religiosos y 3.000 miembros del clero.
Durante los últimos 50 años, las Obras Misionales Pontificias han sostenido a todas y cada una de las diócesis de Kerala y Karnataka con ayudas estables para su actividad evangelizadora y asistencial diaria, además de financiar varios miles de proyectos. Muchas de las Iglesias, centros de acogida, dispensarios, etc… han quedado destruidos. Hay que comenzar recuperar lo perdido lo antes posible, puesto que esta labor llevará años.
Las Obras Misionales Pontificias piden desde Roma, a todas las direcciones nacionales del mundo que renueven su apoyo a los afectados por las inundaciones en la India el pasado agosto, en los estados de Kerala y Karnataka. Para este fin, las Obras Misionales Pontificias están utilizando el “Fondo de Emergencia”, reservado para este tipo de ayudas y piden donativos de emergencia para este ayuda a estos estados de la India.

Para ayudar a la reconstrucción de estas diócesis devastadas por las inundaciones puede hacerse un donativo en la cuenta del Obras Misionales Pontificias, banco BBVA: ES0301821364330010039555- concepto Fondo Emergencia India.