• CONGRESO NACIONAL DE MISIONES


    Del 19 al 22 de septiembre en Madrid. ¡Inscríbete!
  • DOMUND 2019


    Domingo 20 de octubre
  • CADENA DE BONDADES


    Escucha el rap del Mes Misionero Extraordinario
  • MES MISIONERO EXTRAORDINARIO


    Octubre 2019: "Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo"
  • "GUÍA COMPARTIR LA MISIÓN"


    Propuestas de voluntariado misionero
  • AYUDA A LAS MISIONES


    Colabora con los misioneros españoles

8 de octubre de 2019

Rosario Misionero

Durante todo el mes de octubre, y para dar mas énfasis a la celebración del Mes Misionero Extraordinario, en las parroquias de nuestra diócesis hemos propuesto el rezo del Rosario Misionero antes de las celebración de la Eucaristía, para rezar por los 41 misioneros diocesanos , que han decidido dedicar su vida a la Mision ad Gentes y extender la grandeza del Evangelio, haciendo de cualquier lugar por recóndito que sea un territorio de misión.
Cada misterio lo ofrecemos por cada uno de los continentes y hacemos una petición especial a la Virgen Maria, para que cuide de sus pueblos y de sus gentes y encuentre con la ayuda de los nuestros misioneros el verdadero camino  a una vida llena de Dios, conocimiento de Jesús y camino de salvación
Ayer, día de Ntra. Sra. del Rosario, dedicamos en la parroquia Estrella del Mar , un rosario especial en este Mes Misionero Extraordinario, para que la labor de nuestros misioneros sea fructífera.
Que María la gran misionera, acreciente cada día en nosotros/as el deseo de llevar a Jesús a los demás.

7 de octubre de 2019

Eucaristia de inicio del MME

 El pasado martes día 1 de octubre, coincidiendo con la onomástica de Sta. Teresita de Liseux, patrona de la misiones, celebramos en el convento de las Carmelitas de la Antigua observancia de Villalba del Alcor, una Eucaristía especial y misionera, oficiada por el Sr. obispo de nuestra diócesis, D. José Vilaplana.
Esta celebración marco el comienzo de este Mes Extraordinario Misionero , que decreto el Santo Padre para darle énfasis y visibilidad a la labor que hacen en el mundo los misioneros, y nosotros lo dedicamos muy especialmente a los 41 misioneros de nuestra diócesis que repartidos por los 5 continentes , han decidido dedicar su vida a extender el Evangelio y llevarlo a los lugares mas recónditos de este planeta
Contamos con la colaboración de las Carmelitas del convento, con el párroco de la localidad, con nuestro delegado de Misionesy con un diacono con la presidencia del Sr. Obispo.
Empezamos con el Rezo del Rosario Misionero, que tendremos muy presente durante todo el mes de octubre
Muchísimas gracias al pueblo de Villalba por su colaboración y entrañable acogida y a todos los que de alguna manera colaboraron en esta especial celebración

30 de septiembre de 2019

3,2,1 ......

Empieza la cuenta atrás, ya está todo listo para empezar a celebrar el Mes Misionero Extraordinario
 Empezamos el pasado sábado día 28 en el Monasterio de La Rabida, con un emotivo acto de Envío, de todos los agentes de pastoral, catequistas y profesores de religión , que durante todo este curso ejercerán su labor Misionera, y llevaran a Jesús por todos los rincones de nuestra Diócesis
El dia 1 de Octubre tendremos en el Convento de las RR.MM Carmelitas de la Antigua Observancia. Monasterio de S. Juan Bautista en Villalba del Alcor, coincidiendo con la onomástica de Sta. Teresita del niño Jesús, patrona de la Misiones, la celebración de la Eucaristía, oficiada por el Sr. Obispo de nuestra diócesis, D. José Vilaplana, que marcara el inicio oficial de las celebraciones de este Mes Misionero Extraordinario declarado por el Papa Francisco, con el lema " Bautizados y Enviados", que contaras con diferentes actos  a lo largo del mes de diferentes lugares de nuestra diócesis.
En el mural adjunto podéis ver algunos de ellos que iremos completando
Os esperamos a todos !!!

23 de septiembre de 2019

Congreso Nacional De Misiones

 Durante los días 19,20,21 y 22 de septiembre ha tenido lugar en Madrid , la  celebración del Congreso Nacional de Misiones, como preámbulo del Mes Misionero Extraordinario que ha propuesto el Papa Francisco para este mes de Octubre.
El jueves a las 16:30 h Monseñor Francisco Perez, Obispo de Pamplona y Tudela y Presidente de la Comisión Episcopal de Misiones, presidia e inauguraba con su ponencia este intenso congreso Misionero
La tarde del jueves contó con una interesante ponencia sobre iniciación Cristiana y Misión, a cargo del Secretario General de la Obra pontificia de SPA, y tras un breve descanso pudimos disfrutar de la primera mesa redonda a cargo de 4 Obispos Misioneros , que ejercen su labor en zonas de conflicto. Una vigilia de Oración en la Parroquia de San Francisco de Borja ha cerrado todos los días el congreso
Los siguientes días el congreso ha consistido en distintas charlas a cargo de personalidades relevantes en el estudio y la experiencia Misionera.



 Las distintas e interesantes mesas redondas han tratado temas interesantes como :"Responsables de nuevas realidades", " Misioneros vistos por nuestra sociedad"
También se ha contado con un programa intenso de comunicaciones, compuesto por varias exposiciones diarias de realidades misioneras
 El congreso se clausuro el domingo 22 , con una misa retransmitida por TVE2, presidida por el Cardenal Arzobispo de la Conferencia Episcopal, Monseñor Ricardo Blazquez

5 de abril de 2019

Mensaje del Papa Francisco para la 56 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y Jornada Vocaciones Nativas

“LA VALENTÍA DE ARRIESGAR POR LA PROMESA DE DIOS”

Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas:
Después de haber vivido, el pasado octubre, la vivaz y fructífera experiencia del Sínodo dedicado a los jóvenes, hemos celebrado recientemente la 34.ª Jornada Mundial de la Juventud en Panamá. Dos grandes eventos, que han ayudado a que la Iglesia prestase más atención a la voz del Espíritu y también a la vida de los jóvenes, a sus interrogantes, al cansancio que los sobrecarga y a las esperanzas que albergan.
Quisiera retomar lo que compartí con los jóvenes en Panamá, para reflexionar en esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones sobre cómo la llamada del Señor nos hace portadores de una promesa y, al mismo tiempo, nos pide la valentía de arriesgarnos con Él y por Él. Me gustaría considerar brevemente estos dos aspectos, la promesa y el riesgo, contemplando con vosotros la escena evangélica de la llamada de los primeros discípulos en el lago de Galilea (Mc 1,16-20).
Dos parejas de hermanos —Simón y Andrés junto a Santiago y Juan— están haciendo su trabajo diario como pescadores. En este trabajo arduo aprendieron las leyes de la naturaleza y, a veces, tuvieron que desafiarlas cuando los vientos eran contrarios y las olas sacudían las barcas. En ciertos días, la pesca abundante recompensaba el duro esfuerzo, pero, otras veces, el trabajo de toda una noche no era suficiente para llenar las redes y regresaban a la orilla cansados y decepcionados.
Estas son las situaciones ordinarias de la vida, en las que cada uno de nosotros ha de confrontarse con los deseos que lleva en su corazón, se esfuerza en actividades que confía en que sean fructíferas, avanza en el “mar” de muchas posibilidades en busca de la ruta adecuada que pueda satisfacer su sed de felicidad. A veces se obtiene una buena pesca, otras veces, en cambio, hay que armarse de valor para pilotar una barca golpeada por las olas, o hay que lidiar con la frustración de verse con las redes vacías.
Como en la historia de toda llamada, también en este caso se produce un encuentro. Jesús camina, ve a esos pescadores y se acerca… Así sucedió con la persona con la que elegimos compartir la vida en el matrimonio, o cuando sentimos la fascinación de la vida consagrada: experimentamos la sorpresa de un encuentro y, en aquel momento, percibimos la promesa de una alegría capaz de llenar nuestras vidas. Así, aquel día, junto al lago de Galilea, Jesús fue al encuentro de aquellos pescadores, rompiendo la “parálisis de la normalidad” (Homilía en la 22.ª Jornada Mundial de la Vida Consagrada, 2-2-2018). E inmediatamente les hizo una promesa: “Os haré pescadores de hombres” (Mc 1,17).
La llamada del Señor, por tanto, no es una intromisión de Dios en nuestra libertad; no es una “jaula” o un peso que se nos carga encima. Por el contrario, es la iniciativa amorosa con la que Dios viene a nuestro encuentro y nos invita a entrar en un gran proyecto, del que quiere que participemos, mostrándonos en el horizonte un mar más amplio y una pesca sobreabundante.
El deseo de Dios es que nuestra vida no acabe siendo prisionera de lo obvio, que no se vea arrastrada por la inercia de los hábitos diarios y no quede inerte frente a esas elecciones que podrían darle sentido. El Señor no quiere que nos resignemos a vivir la jornada pensando que, a fin de cuentas, no hay nada por lo que valga la pena comprometerse con pasión y extinguiendo la inquietud interna de buscar nuevas rutas para nuestra navegación. Si alguna vez nos hace experimentar una “pesca milagrosa”, es porque quiere que descubramos que cada uno de nosotros está llamado —de diferentes maneras— a algo grande, y que la vida no debe quedar atrapada en las redes de lo absurdo y de lo que anestesia el corazón. En definitiva, la vocación es una invitación a no quedarnos en la orilla con las redes en la mano, sino a seguir a Jesús por el camino que ha pensado para nosotros, para nuestra felicidad y para el bien de los que nos rodean.
Por supuesto, abrazar esta promesa requiere el valor de arriesgarse a decidir. Los primeros discípulos, sintiéndose llamados por Él a participar en un sueño más grande, “inmediatamente dejaron sus redes y lo siguieron” (Mc 1,18). Esto significa que para seguir la llamada del Señor debemos implicarnos con todo nuestro ser y correr el riesgo de enfrentarnos a un desafío desconocido; debemos dejar todo lo que nos puede mantener amarrados a nuestra pequeña barca, impidiéndonos tomar una decisión definitiva; se nos pide esa audacia que nos impulse con fuerza a descubrir el proyecto que Dios tiene para nuestra vida. En definitiva, cuando estamos ante el vasto mar de la vocación, no podemos quedarnos a reparar nuestras redes, en la barca que nos da seguridad, sino que debemos fiarnos de la promesa del Señor.
Me refiero sobre todo a la llamada a la vida cristiana, que todos recibimos con el bautismo y que nos recuerda que nuestra vida no es fruto del azar, sino el don de ser hijos amados por el Señor, reunidos en la gran familia de la Iglesia. Precisamente en la comunidad eclesial, la existencia cristiana nace y se desarrolla, sobre todo gracias a la liturgia, que nos introduce en la escucha de la Palabra de Dios y en la gracia de los sacramentos; aquí es donde desde la infancia somos iniciados en el arte de la oración y del compartir fraterno. La Iglesia es nuestra madre, precisamente porque nos engendra a una nueva vida y nos lleva a Cristo; por lo tanto, también debemos amarla cuando descubramos en su rostro las arrugas de la fragilidad y del pecado, y debemos contribuir a que sea siempre más hermosa y luminosa, para que pueda ser en el mundo testigo del amor de Dios.
La vida cristiana se expresa también en esas elecciones que, al mismo tiempo que dan una dirección precisa a nuestra navegación, contribuyen al crecimiento del Reino de Dios en la sociedad. Me refiero a la decisión de casarse en Cristo y formar una familia, así como a otras vocaciones vinculadas al mundo del trabajo y de las profesiones, al compromiso en el campo de la caridad y de la solidaridad, a las responsabilidades sociales y políticas, etc. Son vocaciones que nos hacen portadores de una promesa de bien, de amor y de justicia no solo para nosotros, sino también para los ambientes sociales y culturales en los que vivimos, y que necesitan cristianos valientes y testigos auténticos del Reino de Dios.
En el encuentro con el Señor, alguno puede sentir la fascinación de la llamada a la vida consagrada o al sacerdocio ordenado. Es un descubrimiento que entusiasma y al mismo tiempo asusta, cuando uno se siente llamado a convertirse en “pescador de hombres” en la barca de la Iglesia a través de la donación total de sí mismo y empeñándose en un servicio fiel al Evangelio y a los hermanos. Esta elección implica el riesgo de dejar todo para seguir al Señor y consagrarse completamente a Él, para convertirse en colaboradores de su obra. Muchas resistencias interiores pueden obstaculizar una decisión semejante, así como en ciertos ambientes muy secularizados, en los que parece que ya no hay espacio para Dios y para el Evangelio, se puede caer en el desaliento y en el “cansancio de la esperanza” (Homilía en la misa con sacerdotes, personas consagradas y movimientos laicos, Panamá, 26-1-2019).
Y, sin embargo, no hay mayor gozo que arriesgar la vida por el Señor. En particular a vosotros, jóvenes, me gustaría deciros: no seáis sordos a la llamada del Señor. Si Él os llama por este camino, no recojáis los remos en la barca y confiad en Él. No os dejéis contagiar por el miedo, que nos paraliza ante las altas cumbres que el Señor nos propone. Recordad siempre que, a los que dejan las redes y la barca para seguir al Señor, Él les promete la alegría de una vida nueva, que llena el corazón y anima el camino.
Queridos amigos, no siempre es fácil discernir la propia vocación y orientar la vida de la manera correcta. Por este motivo, es necesario un compromiso renovado por parte de toda la Iglesia —sacerdotes, religiosos, animadores pastorales, educadores— para que se les ofrezcan, especialmente a los jóvenes, posibilidades de escucha y de discernimiento. Se necesita una pastoral juvenil y vocacional que ayude al descubrimiento del plan de Dios, especialmente a través de la oración, la meditación de la Palabra de Dios, la adoración eucarística y el acompañamiento espiritual.
Como se ha hablado varias veces durante la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá, debemos mirar a María. Incluso en la historia de esta joven, la vocación fue al mismo tiempo una promesa y un riesgo. Su misión no fue fácil, sin embargo no permitió que el miedo se apoderara de ella. Su sí “fue el «sí» de quien quiere comprometerse y el que quiere arriesgar, de quien quiere apostarlo todo, sin más seguridad que la certeza de saber que era portadora de una promesa. Y yo les pregunto a cada uno de ustedes: ¿se sienten portadores de una promesa? ¿Qué promesa tengo en el corazón para llevar adelante? María tendría, sin dudas, una misión difícil, pero las dificultades no eran una razón para decir «no». Seguro que tendría complicaciones, pero no serían las mismas complicaciones que se producen cuando la cobardía nos paraliza por no tener todo claro o asegurado de antemano” (Vigilia con los jóvenes, Panamá, 26-1-2019).
En esta Jornada, nos unimos en oración pidiéndole al Señor que nos descubra su proyecto de amor para nuestra vida y que nos dé el valor para arriesgarnos en el camino que Él ha pensado para nosotros desde la eternidad.

Francisco
Vaticano, 31 de enero de 2019,
Memoria de san Juan Bosco