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30 de septiembre de 2020

Comienza el Domund, en su versión más digital

 

El “Domund del coronavirus” propone nuevas formas de colaborar con las misiones

Comienza el Domund, en su versión más digital

Un año más arranca la campaña del Domund, la Jornada Mundial de las Misiones convoc


ada por el Papa para implicar a todos en la misión de la Iglesia. Celebrada sin interrupción desde 1926, el Domund se enfrenta este año a una situación difícil por la pandemia. Obras Misionales Pontificias (OMP) propone su campaña más digital con el lanzamiento del vídeo del Domund y de la página web
www.domund.es. Además del testimonio de los misioneros, destaca la primera carrera virtual del Domund y la exposición “El Domund al descubierto” en Burgos.

Una familia con cinco hijos en Tanzania. Una religiosa médico en Camerún. Un religioso profesor en Vanuatu. Un sacerdote en Japón y otro en la selva amazónica en Perú. ¿Qué tienen en común? Una llamada de Dios, a la que todos respondieron “Aquí estoy, envíame”, tal como reza el lema del Domund, la gran fiesta de las misiones de la Iglesia universal. Y precisamente por ello, son los protagonistas del vídeo del Domund de este año, en el que se muestra la belleza de la misión universal en una variedad de carismas, localizaciones y tareas. De carácter testimonial, pretende acercar sus historias a los colegios y parroquias que este año no podrán recibir la visita física de misioneros, como era tradición.

“A nosotros nadie nos paga por estar aquí”, explican Juan Pablo Trenor y María Martínez, una familia del Camino Neocatecumenal con cinco hijos que viven en Arusha (Tanzania). Entre cortes de luz y agua, con un idioma que desconocían, viven con sus hijos su vida de fe y acompañan la pastoral de la parroquia. Ellos participan en el vídeo del Domund de este año, al igual que Rosario García, médico, misionera de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, que ofrece en medio de la selva de la diócesis de Yaundé un hospital, donde van muchos enfermos a curarse o a morir con dignidad.

Estos testimonios se unen a los de Antonio López García Viejo –hermano corazonista misionero en Vanuatu (Oceanía)-, Pablo Seco –sacerdote diocesano en Japón-, o Alfonso Tapia –sacerdote diocesano en la selva amazónica-. Todos ellos, desde su particularidad, muestran cómo la Iglesia ha seguido adelante con el mandato de Jesús de ir y hacer discípulos hasta los confines de la tierra. Las diócesis en las que están estos misioneros no podrían subsistir sin la ayuda del Domund.

 

www.domund.es: más Domund que nunca

Además del vídeo del Domund, OMP lanza una página web (www.domund.es) en la que se puede conocer de forma interactiva, con más detenimiento, la historia de cada una de estos misioneros que aparecen en el vídeo, sumados a los de la monja protagonista del cartel, la hermana Juana Dominguez, misionera en Angola. ¿Por qué os fuisteis a la misión? ¿Qué os encontrasteis allí? ¿Habéis tenido miedo? Son algunas de las preguntas que los misioneros responden en vídeos hechos por ellos mismos.

Junto con sus testimonios, se explica cómo el dinero del Domund sostiene y ha hecho crecer en los últimos 30 años las diócesis en las que estos misioneros entregan su vida. Son solo seis ejemplos de las 1.115 diócesis del mundo que dependen de la colecta del Domund.

Por último, desde la web se puede acceder a toda la información de las actividades nacionales de este año: la exposición “El Domund al descubierto”, que en esta 6ª edición, tendrá lugar en la catedral de Burgos; y la primera carrera virtual “Corre por el Domund”. Todas estas actividades se suman a las delegaciones de misiones de las diócesis españolas, que con creatividad están trabajando para que el Domund de este año llegue de una nueva forma.

 

Que el COVID-19 no frene tu donativo

Desde Obras Misionales Pontificias se anima a que la situación sanitaria no obstaculice el donativo de aquellos que quieran participar en la misión de la Iglesia. A pesar de que en muchas parroquias las colectas no se están realizando, y en los colegios se debe evitar el contacto con el dinero en efectivo -no habrá por lo tanto huchas y sobres con normalidad-, se puede colaborar de muchas formas. OMP ha habilitado los donativos por Bizum, que se suma a otras formas de colaborar digitales como el pago con tarjeta, la transferencia o Paypal.

 

23 de junio de 2020

Despedida a un Obispo Misionero

Desde la delegación de misiones queremos hacer nuestro pequeño homenaje a quien ha sido nuestro obispo durante los últimos 14 años . D. Jose ha sido un gran apoyo para esta delegación , su espíritu misionero y su compromiso con la necesidad de inundar todos los corazones del mundo de la esencia de Jesús, ha hecho que contemos siempre con su apoyo incondicional en todos los actos organizados por nuestra delegación en los que hayamos requerido su presencia . Interesado siempre por nuestros misioneros y por los proyectos que estos llevan a cabo y preocupado por las necesidades que estos puedan tener en sus lugares de misión. Desde estas páginas queremos transmitirle nuestro más sincero cariño , darle las gracias por todo su apoyo , y desearle muchísima suerte en su nueva andadura . Un abrazo D. Jose y nuestro cariño , y respeto para siempre.

22 de mayo de 2020

Mensaje del Santo Padre ante la cancelación en Roma de la Asamblea de OMP

“La misión es obra del Espíritu Santo, y no consecuencia de nuestras reflexiones”
La Santa Sede ha hecho pública hoy una carta del Santo Padre a las Obras Misionales Pontificias (OMP), con motivo de la Asamblea General anual de las OMP (que ha tenido que ser suspendida por la pandemia del COVID-19). Ante la imposibilidad de asistir a la Asamblea, como habría sido su deseo, el Papa ha escrito un mensaje insistiendo en la necesidad de renovar esta institución eclesial, dejando al Espíritu Santo ser el protagonista del cambio.
21/052020

En su mensaje a las Obras Misionales Pontificias (OMP), que han tenido que suspender su Asamblea en Roma, el Santo Pare les invita a renovar sus estructuras, para dejar que el Espíritu Santo sea el protagonista de la Misión. “El misterio de la Ascensión, junto con la efusión del Espíritu en Pentecostés, imprime y confiere para siempre a la misión de la Iglesia su rasgo genético más íntimo: el de ser obra del Espíritu Santo y no consecuencia de nuestras reflexiones e intenciones”.

El Santo Padre afirma que “cuando, en la misión de la Iglesia no se acoge ni se reconoce la obra real y eficaz del Espíritu Santo, quiere decir que, hasta las palabras de la misión —incluso las más exactas y las más reflexionadas— se han convertido en una especie de ‘discursos de sabiduría humana’, usados para auto glorificarse o para quitar y ocultar los propios desiertos interiores”.
Al recordar los criterios que ofreció en la Evangelii Gaudium sobre la misión (atracción, gratuidad, humildad, facilidad, cercanía en la vida cotidiana, sensus fidei y cercanía a los pobres), el Papa invita a OMP a confrontarse con ellos para emprender su renovación. Asimismo, advierte de la tentación de la “autoreferencialidad” que pueden tener las instituciones de la Iglesia.


Recuperar los rasgos esenciales de OMP

Una vez explicados los peligros, el Papa anima a OMP a recuperar sus rasgos esenciales, algunas veces eclipsados por otras iniciativas, para saber por dónde ir en el futuro. Especialmente, el Santo Padre insiste en la belleza de promover la oración entre los fieles en favor de la misión de la Iglesia, y como consecuencia y fruto de ella, la caridad. “Mi sugerencia es encontrar el modo en el que la estructura esencial de las OMP siga unida a las prácticas de la oración y de la colecta de recursos para las misiones. Conviene que este modelo elemental de las OMP no se olvide ni se altere”.

El Santo Padre también hace hincapié en la universalidad. “A través de las OMP se puede experimentar el misterio de la universalidad de la Iglesia, en la que la obra incesante del Espíritu Santo crea armonía entre las distintas voces, mientras que el Obispo de Roma, con su servicio de caridad, ejercido también a través de las Obras Misionales Pontificias, custodia la unidad de la fe”.

En cuanto a la petición de los donativos, el Papa ha advertido, como viene haciendo los últimos años, del “riesgo de transformar las OMP en una ONG dedicada sólo a la recaudación y a la asignación de fondos. Esto depende del ánimo con que se hacen las cosas, más que de lo que se hace”. Ha animado a seguir centrando las colectas en el conjunto de los bautizados, con una suma de muchos pocos, como el óvolo de la viuda.


Renovación de una Obra centenaria

Obras Misionales Pontificias (OMP) es una institución eclesial, compuesta por cuatro obras, que nacieron de iniciativas particulares surgidas en el siglo XIX y principios del XX. En 1922, viendo la riqueza que estas iniciativas ofrecían a la Iglesia Universal, el Papa Pio XI las asumió como suyas, y les dio el carácter de “pontificias”. Desde entonces, han servido a la Iglesia universal, despertando la pasión misionera de todos los bautizados y moviéndoles a participar en la misión a través de la oración y la caridad. Con los donativos recogidos en todo el mundo, esta institución que se extiende por todo el mundo, sostiene la presencia de la Iglesia en los llamados “Territorios de Misión”, concretamente 1.111 diócesis –un tercio de toda la Iglesia-.

Como todas las iniciativas, estas deben actualizarse a la luz de los nuevos tiempos, y dejar al Espíritu Santo que indique el camino que deben seguir, para continuar siendo un instrumento válido y eficaz al servicio de la misión. El Papa pide ahora para esta Obra centenaria una puesta al día de los carismas que le dieron origen.


Para leer el texto completo: https://www.omp.es/wp-content/uploads/2020/05/Mensaje-Papa-Francisco-OMP-cast.pdf

Para más información y entrevistas:
Paula Rivas y Javier López
91 590 29 43
prensa@omp.es
www.omp.es/prensa

29 de abril de 2020

VOCACIONES NATIVAS

 
La Iglesia española invita este domingo a rezar por las vocaciones desde el confinamiento
El próximo domingo 3 de mayo es el IV domingo de Pascua, domingo del Buen Pastor. Un año más, tiene lugar la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones -en su 57ª edición-, que en España se celebra junto a la Jornada de Vocaciones Nativas. Aunque en este año no sea posible celebrarlo en las parroquias de forma pública, los cristianos vuelven a estar llamados a rezar por todas las vocaciones de especial consagración en el mundo, para que el Señor siga llamando, y los jóvenes puedan decir sí a la llamada.
Vídeo informativo de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones
y Jornada de Vocaciones Nativas
27/04/2020

En estos días estamos viendo el gran papel que los sacerdotes, religiosos y consagrados están haciendo en esta situación extraordinaria de pandemia. La importancia de su presencia se ha visto subrayada en tantos testimonios de entrega y acompañamiento en nuestro país y en el mundo entero. Por ello, se ve la necesidad de rezar para que muchos jóvenes puedan seguir su ejemplo, y escuchar la voz de Dios.

La Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, y la Jornada de Vocaciones Nativas es convocada de forma conjunta por cuatro grandes instituciones eclesiales, que representan la diversidad y riqueza de las vocaciones de especial consagración: la Conferencia Episcopal Española (CEE), la Conferencia Española de Religiosos (CONFER), la Conferencia Española de Institutos Seculares (CEDIS) y Obras Misionales Pontificias (OMP). El lema de este año es “Jesús vive y te quiere vivo”.


Diversidad de vocaciones

Todos los cristianos están llamados a seguir a Cristo, pero hay algunas personas que son llamados a seguirle de una forma particular, a través de una consagración. Dentro de estas vocaciones, hay una gran diversidad: sacerdotes diocesanos, religiosos y religiosas de vida activa y contemplativa; y consagrados y consagradas de institutos seculares. Este domingo, la Iglesia invita a rezar por ellos, y por tantos jóvenes que están sintiendo la llamada vocacional en cualquiera de estas formas.

La jornada invita también a levantar la vista, y rezar por tantos jóvenes que están siendo llamados por Dios a seguirle en los territorios de misión. Son las llamadas Vocaciones Nativas. Este domingo, la Iglesia invita a rezar por ellos, para que asuman el relevo de los misioneros, y mantengan viva la llama del Evangelio en sus países y culturas. Y además, se pide la colaboración económica, para que ninguna de esas vocaciones se pierda por falta de medios, y poder ayudar a uno de cada tres seminaristas del mundo.


Iniciativas previstas

Para poder celebrar esta Jornada, CEE, CONFER, CEDIS y OMP proponen como cada año materiales comunes (recogidos en la web de la CEE y en la de OMP). Por otro lado, han lanzado varias iniciativas conjuntas. El miércoles 29, a las 12:00, se presentará a través de Youtube, la canción oficial de la Jornada, “Jesús vive y me quiere vivo”. Compuesta e interpretada por Chito Morales -perteneciente al grupo musical "Brotes de Olivo"-, es una invitación a seguir a Cristo para dar luz a los demás.

Además, en el canal de Youtube que se ha abierto para esta Jornada ‘Jesús vive y te quiere vivo’, se han publicado 9 entrevistas hechas en estos días, que recogen testimonios de personas que han sentido la llamada vocacional de especial consagración, en sus múltiples formas.

La Misa de La 2 de TVE se retransmitirá desde la Conferencia Episcopal, como viene siendo habitual en este tiempo de pandemia, y será presidida por Mons. Jesús Vidal Chamorro, Obispo Auxiliar de Madrid y Presidente del Subcomisión de Seminarios de la CEE. En ella se rezará especialmente por las vocaciones de especial consagración en España y en los países de misión.



Para más información y entrevistas:
Paula Rivas y Javier López
91 590 29 43
prensa@omp.es

27 de abril de 2020

“LAS PALABRAS DE LA VOCACIÓN”


Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas:
El 4 de agosto del año pasado, en el 160 aniversario de la muerte del santo Cura de Ars, quise ofrecer una Carta a los sacerdotes, que por la llamada que el Señor les hizo, gastan la vida cada día al servicio del Pueblo de Dios.
En esa ocasión, elegí cuatro palabras clave —dolor, gratitud, ánimo y alabanza— para agradecer a los sacerdotes y apoyar su ministerio. Considero que hoy, en esta 57 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, esas palabras se pueden retomar y dirigir a todo el Pueblo de Dios, a la luz de un pasaje evangélico que nos cuenta la singular experiencia de Jesús y Pedro durante una noche de tempestad, en el lago de Tiberíades (cf. Mt 14,22-33).
Después de la multiplicación de los panes, que había entusiasmado a la multitud, Jesús ordenó a los suyos que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. La imagen de esta travesía en el lago evoca de algún modo el viaje de nuestra existencia. En efecto, la barca de nuestra vida avanza lentamente, siempre inquieta porque busca un feliz desembarco, dispuesta para afrontar los riesgos y las oportunidades del mar, aunque también anhela recibir del timonel un cambio de dirección que la ponga finalmente en el rumbo adecuado. Pero, a veces puede perderse, puede dejarse encandilar por ilusiones en lugar de seguir el faro luminoso que la conduce al puerto seguro, o ser desafiada por los vientos contrarios de las dificultades, de las dudas y de los temores.
También sucede así en el corazón de los discípulos. Ellos, que están llamados a seguir al Maestro de Nazaret, deben decidirse a pasar a la otra orilla, apostando valientemente por abandonar sus propias seguridades e ir tras las huellas del Señor. Esta aventura no es pacífica: llega la noche, sopla el viento contrario, la barca es sacudida por las olas, y el miedo de no lograrlo y de no estar a la altura de la llamada amenaza con hundirlos.
Pero el Evangelio nos dice que, en la aventura de este viaje difícil, no estamos solos. El Señor, casi anticipando la aurora en medio de la noche, caminó sobre las aguas agitadas y alcanzó a los discípulos, invitó a Pedro a ir a su encuentro sobre las aguas, lo salvó cuando lo vio hundirse y, finalmente, subió a la barca e hizo calmar el viento.
Así pues, la primera palabra de la vocación es gratitud. Navegar en la dirección correcta no es una tarea confiada sólo a nuestros propios esfuerzos, ni depende solamente de las rutas que nosotros escojamos. Nuestra realización personal y nuestros proyectos de vida no son el resultado matemático de lo que decidimos dentro de un “yo” aislado; al contrario, son ante todo la respuesta a una llamada que viene de lo alto. Es el Señor quien nos concede en primer lugar la valentía para subirnos a la barca y nos indica la orilla hacia la que debemos dirigirnos. Es Él quien, cuando nos llama, se convierte también en nuestro timonel para acompañarnos, mostrarnos la dirección, impedir que nos quedemos varados en los escollos de la indecisión y hacernos capaces de caminar incluso sobre las aguas agitadas.
Toda vocación nace de la mirada amorosa con la que el Señor vino a nuestro encuentro, quizá justo cuando nuestra barca estaba siendo sacudida en medio de la tempestad. «La vocación, más que una elección nuestra, es respuesta a un llamado gratuito del Señor» (Carta a los sacerdotes, 4 agosto 2019); por eso, llegaremos a descubrirla y a abrazarla cuando nuestro corazón se abra a la gratitud y sepa acoger el paso de Dios en nuestra vida.
Cuando los discípulos vieron que Jesús se acercaba caminando sobre las aguas, pensaron que se trataba de un fantasma y tuvieron miedo. Pero enseguida Jesús los tranquilizó con una palabra que siempre debe acompañar nuestra vida y nuestro camino vocacional: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» (v. 27). Esta es precisamente la segunda palabra que deseo daros: ánimo.
Lo que a menudo nos impide caminar, crecer, escoger el camino que el Señor nos señala son los fantasmas que se agitan en nuestro corazón. Cuando estamos llamados a dejar nuestra orilla segura y abrazar un estado de vida —como el matrimonio, el orden sacerdotal, la vida consagrada—, la primera reacción la representa frecuentemente el “fantasma de la incredulidad”: No es posible que esta vocación sea para mí; ¿será realmente el camino acertado? ¿El Señor me pide esto justo a mí?
Y, poco a poco, crecen en nosotros todos esos argumentos, justificaciones y cálculos que nos hacen perder el impulso, que nos confunden y nos dejan paralizados en el punto de partida: creemos que nos equivocamos, que no estamos a la altura, que simplemente vimos un fantasma que tenemos que ahuyentar.
El Señor sabe que una opción fundamental de vida —como la de casarse o consagrarse de manera especial a su servicio— requiere valentía. Él conoce las preguntas, las dudas y las dificultades que agitan la barca de nuestro corazón, y por eso nos asegura: “No tengas miedo, ¡yo estoy contigo!”. La fe en su presencia, que nos viene al encuentro y nos acompaña, aun cuando el mar está agitado, nos libera de esa acedia que ya tuve la oportunidad de definir como «tristeza dulzona» (Carta a los sacerdotes, 4 agosto 2019), es decir, ese desaliento interior que nos bloquea y no nos deja gustar la belleza de la vocación.
En la Carta a los sacerdotes hablé también del dolor, pero aquí quisiera traducir de otro modo esta palabra y referirme a la fatiga. Toda vocación implica un compromiso. El Señor nos llama porque quiere que seamos como Pedro, capaces de “caminar sobre las aguas”, es decir, que tomemos las riendas de nuestra vida para ponerla al servicio del Evangelio, en los modos concretos y cotidianos que Él nos muestra, y especialmente en las distintas formas de vocación laical, presbiteral y de vida consagrada. Pero nosotros somos como el Apóstol: tenemos deseo y empuje, aunque, al mismo tiempo, estamos marcados por debilidades y temores.
Si dejamos que nos abrume la idea de la responsabilidad que nos espera —en la vida matrimonial o en el ministerio sacerdotal— o las adversidades que se presentarán, entonces apartaremos la mirada de Jesús rápidamente y, como Pedro, correremos el riesgo de hundirnos. Al contrario, a pesar de nuestras fragilidades y carencias, la fe nos permite caminar al encuentro del Señor resucitado y también vencer las tempestades. En efecto, Él nos tiende la mano cuando el cansancio o el miedo amenazan con hundirnos, y nos da el impulso necesario para vivir nuestra vocación con alegría y entusiasmo.
Finalmente, cuando Jesús subió a la barca, el viento cesó y las olas se calmaron. Es una hermosa imagen de lo que el Señor obra en nuestra vida y en los tumultos de la historia, de manera especial cuando atravesamos la tempestad: Él ordena que los vientos contrarios cesen y que las fuerzas del mal, del miedo y de la resignación no tengan más poder sobre nosotros.
En la vocación específica que estamos llamados a vivir, estos vientos pueden agotarnos. Pienso en los que asumen tareas importantes en la sociedad civil, en los esposos que —no sin razón— me gusta llamar “los valientes”, y especialmente en quienes abrazan la vida consagrada y el sacerdocio. Conozco vuestras fatigas, las soledades que a veces abruman vuestro corazón, el riesgo de la rutina que poco a poco apaga el fuego ardiente de la llamada, el peso de la incertidumbre y de la precariedad de nuestro tiempo, el miedo al futuro. Ánimo, ¡no tengáis miedo! Jesús está a nuestro lado y, si lo reconocemos como el único Señor de nuestra vida, Él nos tiende la mano y nos sujeta para salvarnos.
Y entonces, aun en medio del oleaje, nuestra vida se abre a la alabanza. Esta es la última palabra de la vocación, y quiere ser también una invitación a cultivar la actitud interior de la Bienaventurada Virgen María. Ella, agradecida por la mirada que Dios le dirigió, abandonó con fe sus miedos y su turbación, abrazó con valentía la llamada e hizo de su vida un eterno canto de alabanza al Señor.
Queridos hermanos: Particularmente en esta Jornada, como también en la acción pastoral ordinaria de nuestras comunidades, deseo que la Iglesia recorra este camino al servicio de las vocaciones abriendo brechas en el corazón de los fieles, para que cada uno pueda descubrir con gratitud la llamada de Dios en su vida, encontrar la valentía de decirle “sí”, vencer la fatiga con la fe en Cristo y, finalmente, ofrecer la propia vida como un cántico de alabanza a Dios, a los hermanos y al mundo entero. Que la Virgen María nos acompañe e interceda por nosotros.
Roma, San Juan de Letrán, 8 de marzo de 2020, II Domingo de Cuaresma.
Francisco